El retrato fotográfico fue uno de los primeros géneros creados en la fotografía. Este género aporta una intimidad única y una mirada particular a las personas que protagonizan la pieza. Ofrece vulnerabilidad y sinceridad al espectador, aspectos enriquecedores de este arte.

La fotografía imita a la realidad, la retrata. Siempre ha buscado retener el momento en el que se vive y conservar la imagen de personas particulares. Los retratos pueden ser de gran utilidad, no solo desde el punto de vista artístico, sino histórico y cultural. Pueden reflejar la humanidad y costumbres de una época y el desarrollo de una sociedad.

Los retratos permiten conocer tiempos pasados ya que ellos forman parte del proceso de conocimiento del mundo y del autoconocimiento. Son objetos de recuerdo y de creación artística, son objetos de testimonios, arte y hasta denuncia.

retrato fotográfico

Luigi Morante – Flickr.com

 

Retrato fotográfico: un poco de historia

La palabra “retrato” proviene del latín “trahere” que significa tirar de algo, arrastrar. Con un retrato fotográfico se deberían sustraer cosas que aporten diferentes conocimientos. Uno de ellos sería aprender como los fotógrafos retratan a las personas en diferentes épocas. También se puede apreciar un pasado familiar o ver lo absurdo de algunas situaciones hoy en día. Los retratos pueden hacer surgir reflexiones y sentimientos que ayuden a recordar o comprender ciertos momentos de la historia.

No hay duda alguna que la imagen consolida la identidad, ya sea de una persona, de una época, etc. Los primeros retratos fotográficos de todos fueron dedicados a aquellos personajes que inspiraban respeto o a aquellos que querían enaltecer su imagen. Los dioses o la realeza, por ejemplo.

Luego de la aparición de la fotografía el retrato fotográfico pudo democratizar nuevas tecnologías y nuevas voluntades. Por ello, el daguerrotipo -creado por el francés Louis Daguerre en 1839-, no fue muy próspero pues solo proveía una imagen. Por otro lado, el talbotipo, el cual producía un negativo y permitía la impresión de muchas imágenes, promovió la repartición de imagos.

Cuando apareció el daguerrotipo su primera aplicación fue el retrato. Lamentablemente, los primeros intentos fueron decepcionantes. Debido al largo tiempo de exposición requerido los modelos aparecían movidos. Por ello, se trató de acortar los tiempos de exposición. Además, se buscaron maneras de mantener a los modelos inmóviles, a través de diversos artilugios.

La manera que hallaron para acortar el tiempo de exposición fue aumentar la intensidad de la luz del sol. Sin embargo, la técnica, finalmente, resolvió el problema. Con la aparición de los flashes, el tiempo de captura se redujo significativamente y se pudo capturar al sujeto en un tiempo récord. Así, el retrato se convirtió en un boom.

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Richard – Flickr.com

Avances en la técnica

A partir de la mitad del siglo XIX se logró conseguir mayor naturalidad en el retrato. Uno de los retratistas que mejor aprovecha la técnica fue Félix Nadar. Descubrió la particularidad del rostro humano y su capacidad para reflejar la personalidad. Logra que sus retratos trasmitan un mensaje e imprime su sello artístico. Sin embargo, hay que recalcar que este fotógrafo provenía del arte y era caricaturista. Ingresó al mundo de la fotografía a los 30 años, una edad madura para la época.

Además, se desempeño como investigador de la fotografía. Fue el primero en hacer fotografías aéreas en 1870. Todos los retratos que realizó fueron a amigos. Solía decir que a quien retrataba era a quien mejor conocía.

Retrato fotográfico como género

Este género, junto con el paisaje y la naturaleza muerta, surgieron de la pintura. Los primeros géneros fotográficos surgieron de ella por ser la referencia más próxima que existía. Por ello, al principio los retratos eran muy estáticos y sencillos, ya que intentaban emular a la pintura. Eran modelos serios, estáticos, sentados, con mucha iluminación.

Con la llegada del siglo XX la técnica siguió avanzando. Cada vez era más ligera y rápida. Surge la oportunidad de retratar fuera de un estudio, lo que cambia las posibilidades de escenarios. Algunos ejemplos icónicos de fotógrafos de este género son:

Man Ray: utilizó un procedimiento conocido como solarización. Esto le permitió crear estudios tridimensionales de cabezas y figuras.

Edward Steichen: uso las sombras de una manera muy particular e imaginativa.

Cecile Beaton: fotógrafo de moda y de guerra. Realiza un tipo de retrato en donde el modelo queda integrado dentro de un ambiente decorativo artificial.

Richard Avedon: fotógrafo famoso por el realismo con el que retrata a personajes célebres.

Irving Penn: caracterizado por utilizar una iluminación sencilla. Con ella crea primeros planos con mucha energía y fuerza, llenos de vida.

Todos ellos se caracterizan por haber retratado poco en exteriores. Los que aprovecharon esta nueva movilidad y retrataron en otros escenarios fueron: Cartier-Bresson, Eugene Smith y Bill Brandt.

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verrier.claude – Flickr.com

Recomendaciones para tomar un retrato

Este género deja en un estado vulnerable al modelo. Puede ser un género invasivo e íntimo. Por eso, se deben tomar en cuenta condiciones para que el resultado sea el esperado.

El modelo siempre debe sentirse cómodo. La comunicación entre el fotógrafo y el retratado es fundamental. Entre los trucos para lograr esta comodidad están preparar un ambiente familiar o poner música del agrado del retratado. Las posiciones de sentado, apoyado o acostado también. No es recomendable dejar al modelo solo en un espacio y debajo de un foco.

Composición

En cuanto a composición, el ojo rechaza el caos y la desorganización. Es preferible abogar por la sencillez y el orden. Por eso se deben eliminar todos los elementos que resulten superfluos y que no aporten nada a la composición. El uso de las reglas clásicas de la composición también ayuda.

La ley de los tercios divide el cuadro en nueve cuadros más pequeños. Los cruces de las líneas determinan los puntos fuertes y de atención.

El uso de las diagonales, implícitas o explícitas, llevarán al observador a el punto de interés deseado.

Huir del centro. Resulta más interesante y mejor que el sujeto quede descentrado.

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fotosderianxo – Flickr.com

Encuadre

Por otra parte, el encuadre es también muy importante. Se debe aprovechar el marco de la imagen para poder crear una composición que sea dinámica. Esto se relaciona con las teorías del centro de impacto visual. Si colocamos un punto de interés en una imagen el ojo se quedará allí. Si se colocan otros puntos de interés, el ojo se verá obligado a recorrer toda la imagen o foto. Se debe conseguir un ritmo para evitar que la imagen se quede estática.

Los encuadres verticales resultan ser los más apropiados para los retratos. Pero no es el único formato. El formato horizontal se puede utilizar para incluir elementos no superfluos del ambiente. Usualmente el ojo del fotógrafo se encuentra a la altura del retratado. Sin embargo, se pueden usar diferentes inclinaciones para dar diversas sensaciones, con contrapicados, nadir, etc.

Luz y color

Los diferentes matices de colores ayudarán a transmitir lo deseado con el retrato. Ya sean colores cálidos o fríos, ayudarán a completar la composición del retrato. El uso de filtros ayuda a crear efectos de color en el retrato fotográfico.

La luz es otro factor importante. Hay que tener muy en cuenta el tipo de luz e intensidad y cómo ésta se refleja en el sujeto. La calidad de la luz no se debe dejar de lado: si es suave o dura. La dirección de la luz puede crear efectos interesantes en el retrato. Si está en diagonal o de un lado acentuará ciertas facciones. Arriba o debajo del sujeto puede resultar misteriosa o no.  Si la luz está de frente aplanará las facciones, etc.

Según la experiencia, las luces laterales hacen juegos de sombras no muy favorecedores, al igual que la anteriormente mencionada luz cenital (de abajo hacia arriba). Está el retrato clásico que muestra al sujeto tal cual es, que es el retrato a contraluz -el foco va detrás-. También está el retrato silueta -foco desde atrás sin rastros-, retrato en clave alta o en clave baja -pocos negros y muchos tonos brillantes y viceversa.

Para trabajar la mejor luz es la natural en interiores. Da el mejor resultado de todas. Da menos calor que los focos artificiales, requiere menos potencia y ahorra incomodidades y brillos.

Lentes

Los mejores objetivos para el retrato fotográfico son los teleobjetivos cortos. Permiten mantener cierta distancia del sujeto. Debido al peso de éstos, el uso del trípode es esencial. Los teleobjetivos largos se usan para primeros planos muy cortos, pero tienen poca profundidad de campo. Por otro lado, los grandes angulares distorsionarán la imagen, por lo que no son recomendables.

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sabrinaneveu – Flickr.com

 

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